Datos personales

21 dic. 2010

Gracias.

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Gracias a los ladrones de cuadernos que me han empujado a disfrutar de un maravilloso viaje desde la perspectiva del que dibuja.



http://ladronesdecuadernos.blogspot.com/



Gracias a Joshemari que me hizo ver como se puede dibujar en cualquier momento y lugar y como la vida está llena de personajes para nuestras historias, como la de Benigno o como la que encontre en el TGV de Florencia a Venecia.




Benigno puede que vuelva después de navidad.

Gracias a Italia y a Sonia que me llevó alli. En el año de mi "renacimiento" ha sido como descubrir que mi mente puede disfrutar con una intensidad hasta ahora desconocida.



Claro... si me acuerdo de Italia como no me voy a acordar de Elvi y de Tito.

Y gracias a todos/as vosotros/as que me habeis acompañado este año y habeis puesto en mi vida cosas pequeñas pero muy importantes.



Ah y gracias a este policia que no me arrestó a pesar de que lo miraba fijamente.


lo que estaba mirando era esto


En fin Feliz Navidad a todos/as


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15 dic. 2010

Benigno 8 y aparte.

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En esas elucubraciones nocturnas, había previsto incluso la viabilidad económica de la idea. Posibles ingresos, gastos. Compraría todo el género cuando encontrase ofertas, y lo guardaría en casa, en una cámara congeladora que compraría a tal efecto. Compraría productos de buena calidad. Podría comprar el mismo las patatas, pelarlas, cortarlas y congelarlas pre fritas. Incluso podía preparar patatas light si disponía de un pequeño horno. Con ese horno podía cocer su propio pan recién hecho para los bocadillos. Su cabeza empezaba a volar y el sueño se apoderaba de él.
Su mente siempre le abandonaba en la logística del proyecto, nunca llegaba a la parte social, al relacionarse con la gente, a soportar la impaciencia y la mala educación de la gente. Realmente casi todas las noches, de un modo distinto le abordaba este pensamiento. Unas veces era el diseño de un bocadillo, a veces freír cosas distintas como coliflor, tempuras de verdura. Como decía la canción “este cuarto es muy pequeño para las cosas que sueño”.
Tal vez la parte más emocional del cerebro de Benigno escondía un aventurero. Tal vez algo dentro de él, llevaba largo tiempo bloqueado.
Ir de feria en feria vendiendo bocadillos y friendo patatas no es una odisea, pero supone conocer el mundo, por lo menos un mundo mayor que su barrio o el trayecto al restaurante en autobús. Tal vez con la excepción de los domingos.
Los domingos la rutina de la mañana era exactamente igual con la salvedad de que no cogía el autobús para ir al trabajo. Ese día dirigía sus pasos a la playa de la Malvarrosa.
Allí pasaba la gran mayoría del día, de la gran mayoría de los domingos. Se preparaba un bocadillo de jamón ahumado con mozarela y rúcula, un huevo cocido y un refresco, y se sentaba siempre en el mismo sitio al abrigo de la torre del socorrista.
Simplemente miraba hacia el mar, algunas veces el mar lo miraba a él.




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14 dic. 2010

Benigno 7.

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“Y que no falte”.
Faltar, era una posibilidad. Su mente empezó a correr como un bólido por caminos que hasta ahora nunca había transitado. Era una posibilidad, tal vez querían hablar con él para despedirlo.
Mientras Benigno se enzarzaba en su propia crisis, el Señor Eduardo seguía hablándole. Habitualmente le contaba las cosas que habían acontecido en el barrio, los chismes. Cosas que no solían interesar mucho a Benigno, pero que escuchaba como el que oye una canción agradable sin prestar atención a la letra.
- Benigno, ¿estás bien? Estás pálido.
- ¿cómo?
- ¿Qué si estás bien? Pareces estar en otro planeta.
- No, no, todo va bien. Póngame lo de siempre, ya sabe, salami, mozarela, ya sabe lo de todos los días.
Tras recoger las bolsas, subió las escaleras que conducían a su apartamento y sin colocar las cosas en la cocina, se sentó en el borde de su cama.
No sabía muy bien lo que ocurría, esto ya se lo había planteado otras veces. Entraba dentro de lo posible, el despido. Debido a su edad, tal vez su nómina superase lo que la empresa considera límite razonable. Esta idea no era de su agrado, pero tampoco solía angustiarle.
Ya lo había previsto.
Si tenía que dejar su puesto de trabajo en el restaurante se convertiría en feriante.
Asombroso pero cierto. Ya había mirado los precios de esas casetas rodantes en las que despachan patatas fritas, hamburguesas y perritos calientes. Conocía los trámites legales y los permisos necesarios. Además había ahorrado lo suficiente para la inversión inicial. Muchas noches se quedaba dormido pensando en ello. Se imaginaba viajando por toda la costa, de feria en feria, de fiestas en fiestas, por todo el litoral.
Su puesto no sería muy grande, algo reducido, una especie de “deli” americano. Una buena freidora, una plancha y un refrigerador serían suficientes. Realmente todo cabía en una pequeña furgoneta, como en la película de Stephen Frears. Se había imaginado atendiendo directamente al público. Eso era un auténtico atrevimiento, pero en sus sueños estaba permitido. Con esta idea y este proyecto se dormía muchas noches, pensando que esto supondría un avance en su vida. Ser feriante es algo como muy caótico, como muy poco previsible, justo lo contrario de las necesidades de Benigno. Lo cierto es que le gustaba soñarlo, como un deseo a lo opuesto a su vida actual. Sería lo que los psicólogos llaman una “formación reactiva”, la búsqueda de lo extremamente opuesto para conseguir llegar a ser lo que uno realmente hubiese sido sin los efectos del aprendizaje social.


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13 dic. 2010

Benigno 6.

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No dando mucha importancia a la visita de la de recursos humanos, Benigno terminó su jornada en el restaurante. Siempre lanzaba un adiós generalizado al local. A veces obtenía respuesta, pero la mayoría de las veces su despedida se fundía con el sonido de ambiente. Ese día se mezclo con una canción de Crowded House.
De camino a casa empezó a inquietarle la cita del día siguiente. En otras ocasiones ya habían hablado con él. ¿De qué se trataría esta vez? Otra propuesta para ser encargado del local, su traslado a un departamento de logística de la cadena.
Su cabeza cambió de tema al bajar del autobús. Entro en la tienda de ultramarinos de su barrio. A Benigno le gustaba la palabra ultramarinos y le agradaba la conversación del Sr. Eduardo mientras era despachado. Esta palabra también le generaba sensaciones, despachar. Las grandes superficies son ideales, todo está empaquetado, etiquetado y compartimentado. Incluso hoy en día existen cajas automáticas en las que el posible dialogo lo establece tu tarjeta de crédito por ti. Pero no huelen como la tienda de ultramarinos del Sr. Eduardo.
Las tiendas de ultramarinos de los barrios tienen un olor muy característico. Es una mezcla de esencia de especias y del aroma que deben desprender los animales en vías de extinción. Ese era el reclamo que conducía todos los días a Benigno a ese pequeño universo.
- Buenas tardes Benigno.
- Buenas.
- ¿Qué tal el día?
- Bien.
- ¿Mucho trabajo, eh?
- Bueno.
- Y que no falte.
El olor era intenso, pero no tanto como para que la lengua de Benigno se soltase en exceso. Esa última frase despertó una punzante inquietud en su cabeza.
“Y que no falte”.


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1 dic. 2010

Flamencos y pelícanos

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La poesía es como el laboratorio de la literatura, donde se prueban cosas nuevas, cosas distintas, lo arriesgado.

César Aira. Babelia 990.




Aira está casado con la poetisa Liliana Ponce

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