Datos personales

11 nov. 2010

Benigno 5 y aparte.

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Al mediodía se abre la puerta de acceso al local para los empleados y el teatro de operaciones se ilumina como un estadio de futbol en el que rugen cien mil fervientes seguidores de su equipo.

Su dedicación a la freidora sería equiparable a la de un chef de alta cocina. Trata con mimo las materias primas, cuida los utensilios, alinea las bolsas de papel con las frituras. Suele jugar con las distintas temperaturas según el nivel de degradación de los aceites, incluso tiene pequeños trucos.

Es como si esperase que un cliente desde el mostrador preguntase por el encargado de las patatas fritas:

- Por favor,¿ el cocinero?
- Si, soy yo.
- Enhorabuena, no he podido resistir la necesidad de expresarle las sensaciones que sus frituras me han despertado. ¡Gracias!

Muy por el contrario, los clientes suelen "vestir" sus frituras con kétchup. No obstante, esto no desanima a Benigno, nunca lo ha hecho durante estos quince años.

Hoy se le acercó la encargada del local. Una chica de 20 años, delgada y rubia, que siempre lleva una coleta que asoma por el ajuste trasero de la gorra. Siempre trata bien a Benigno, y le sonrie.

- Benigno, mañana viene la nueva de recursos humanos.

- Bien.

- Quiere hablar contigo.

- Bueno.

10 nov. 2010

Benigno 4.

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Toma una comida sencilla de pie, en la cocina. Algún sandwich de salami ahumado, ensalada y una empanadilla de pollo. Pero no se sienta, no se abandona. Acabará su jornada de trabajo tal cual la empezó. Su aspecto no cambia a pesar de haber limpiado dos veces al día una freidora industrial, haber trasegado litros de una sustancia que intenta ser aceite y freir continuamente productos previamente congelados.
Para Benigno resulta menos molesto relacionarse con la freidora que con sus compañeros y compañeras de trabajo. Estos suelen ser chavales que encuentran divertido mofarse del “señor de la freidora”. Esto no suele durar mucho tiempo, cuando se dan cuenta que es impermeable a sus comentarios, se acaban olvidando de él.
Tras haber dejado todo el apartamento en el orden exacto que su cerebro necesita, baja a la parada del autobús. Las once en punto, en punto. Los conductores lo conocen y saben que es a las once en punto, en punto. Parece mentira pero existe una sincronía neuronal entre el chofer de turno y la gorra del uniforme de Benigno, como una baliza que emitiese una señal. Siempre ocupa el mismo lugar al fondo del pasillo, de pie, jamás se sienta, en todo el día.
Benigno jamás ha estado enfermo. Una vez le preocuparon sus varices y se hizo visitar por un médico privado que le recomendó que no pasase tantas horas en pie. Nunca más volvió a ver al médico para los controles que le había recomendado, simplemente ignoró sus varices. No es que desconfíe del sistema de salud pública, es más bien un tema de precaución. Los centros de salud y los hospitales están llenos por defecto de enfermos y por tanto de virus. Estos implican enfermedades, las cuales pueden desembocar en bajas laborales. En quince años no ha faltado ni un solo día a su quehacer en el restaurante.

9 nov. 2010

Benigno 3.

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Benigno Trabaja, a sus 41 años en una hamburguesería de una cadena conocida en todo el planeta. Es raro que una persona de su edad permanezca en este tipo de sitio. Parece más bien un lugar reservado para jóvenes que pasan por estos restaurantes de comida rápida, como un punto circunstancial en su trayectoria laboral. Sin embargo, Benigno es diferente.
A las diez se dirige a una pequeña habitación contigua a su dormitorio. Estancia que para Benigno es lo que una habitación de hotel lujosa para un torero la tarde antes de una gran corrida. En el centro, preside la sala un maniquí de sastre que Benigno compró por catalogo. Reposa sobre el inerte cuerpo de plástico marrón, su uniforme de trabajo.
Dos uniformes al año, así desde hace quince años. Este año la empresa ha tirado la casa por la ventana. Negro azabache, fibra elástica transpirable, costuras imperceptibles, logotipos bordados… Pero lo que hechiza a Benigno es la placa. Este año la empresa le ha bautizado de nuevo, este año se llama “Beni”. Nada de Benigno, no combina bien con un establecimiento tan moderno.
Después de quince años, lo normal es que Benigno hubiese “ascendido” al puesto de encargado del local. No ha sido porque no se lo ofrecieran. Lo rechazó en varias ocasiones. Cada uno debemos saber donde está nuestro sitio y Benigno piensa que la freidora es el suyo. Las patatas fritas, los nuggets de pollo, los aros de cebolla…
Como el soldado que desmonta un arma a ciegas y la vuelve a montar, se viste con movimientos precisos. La microfibras elásticas de este año no favorecen el cuerpo poco agraciado de Benigno. Muy al contrario consiguen subrayar su trasero. Efecto que se ve ampliado cuando ajusta la cintura del pantalón por encima de su ombligo. Hay personas que piensan que el ombligo cumple la función de marcar el sitio donde debe situarse la cintura del pantalón. El resultado, estéticamente hablando, es poco glamuroso, pero transmite la sensación de salir de una cadena de montaje.

8 nov. 2010

Benigno 2.

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Una vez concluido este derroche de energía, repasa de nuevo su ropa interior y abre la nevera. Todos los días piensa para su interior que una ducha le revitalizaría, pero inmediatamente recuerda que ya se duchó por la noche.
La nevera, como todo el universo que rodea a Benigno, goza de un orden absurdo, pero que para él tiene sentido. Se desayuna un yogurt de los que contienen bífidus activo y demás tecnologías para favorecer el tránsito intestinal. Intento baldío, por otro lado, de paliar un estreñimiento que le acompaña desde muy pequeño.
Lo de hacer caca siempre ha sido una cuestión compleja. Su tia decía que este niño lo retiene todo, es muy egoísta, no comparte nada…
Si el día es bueno y soleado, Benigno mira durante un buen rato por la ventana. Observa sin mirar, el solar que hay enfrente de su apartamento. Lugar en el que no pasa nada, nunca pasó nada y es difícil que algo digno de mención ocurra. Si el día es gris, enciende un televisor pequeño que tiene en el office. Siempre aparece el mismo canal, uno de estos canales comerciales que ocupan media pantalla con bandas móviles sobre valores de bolsa y noticias de última hora. El hecho de permanecer delante de la tele le enajena, como si le dejase en standby, hasta que llega el gran momento del día.
Aunque la vida de Benigno es tediosamente rutinaria, tiene una ventaja sobre el resto de los seres vivos. Todos los días, indefectiblemente ocurre. Sucede sin más.

5 nov. 2010

Benigno I.

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Benigno es el tipo de persona que podríamos denominar como correcta. Desde muy pequeño ha sido un niño correcto, un adolescente correcto y un adulto más que correcto.
Su vida carece por completo de interés. Cada día de su existencia, se parece dramáticamente al anterior, y este a todos los demás. A diario se levanta a la misma hora. Un despertador Casio de color rojo, comprado hace años en el “Bazar Ceuta”, resuena ineludiblemente a las siete y cuarto de la mañana. El despertador trabaja con el mismo patrón de lunes a Domingo, las cuatro estaciones del año.
Sin el menor atisbo de pereza, ni de alegría, Benigno se dirige al baño. Allí cada cosa siempre está en su sitio. El jabón centrado milimétricamente en la jabonera, las toallas dobladas como las de los hoteles, el tubo de la pasta de dientes apretado metódicamente desde el final hasta la boca del mismo…
Se despoja de su esquijama de color verde claro, así como de los rombos que lo habitan, y repasa con pulcritud su ropa interior. Ajusta la goma de sus calzoncillos a la camiseta interior de tirantes. Se observa un par de veces y dirige sus pasos a la pequeña cocina de su diminuto apartamento.
Desde hace años, el inicio del día viene marcado por la misma rutina. En realidad su vida entera se rige por rutinas. Ya en la cocina, mira con fijeza una hoja plastificada de una tabla de gimnasia sueca. La observa, pero realmente no la mira, la tiene interiorizada en alguna parte de su cerebro que pone “Tabla de gimnasia sueca”. Nunca he entendido bien el porqué la gente hace gimnasia sueca por las mañanas. El caso es que la gente hace este tipo de cosas.